jueves, 8 de marzo de 2012

Al Ma'arri, el ciego.











 AL – MA’ARRI,
“EL CIEGO”.



Ahmad ben Abd ben Sulayman, de la estirpe Tanuj, de la tribu Quda’a nació el viernes 28 de Rabi al Awwal / 27 de Diciembre del año 363/973, en Ma’arrat al Nu’man, villa situada a 84 Km. al sudoeste de Alepo. Es más conocido por su gentilicio Al Ma’arri o simplemente Abu- l -Ala.  Nació en una familia de honda raigambre árabe perteneciente a la aristocracia de Ma’arrat. Entre sus ascendentes se encontraban eminentes literatos y jurisconsultos e incluso algunos miembros de entre ellos fueron en varias ocasiones cadíes de la ciudad. El mismo hace referencia a su kunya en la obra titulada al-Fusul wa l-gayat /los Capítulos y las metas, en la que pretendió imitar, para algunos críticos,  al Corán:
 “Me dieron la kunya de al-Ala/la Alteza, sin embargo, al parecer tal alteza ha muerto dejando como secuelas en mi rostro muchas huellas (picaduras de viruela)”. (1)
Esta costumbre fue muy criticada por él en su libro de poemas al-Luzmiyyat que llegó a ser muy famoso y tuvo muchos adeptos e imitadores:
“Entre las torpezas de las gentes se encuentra el poner Kunyas a sus hijos y esto antes de ser engendrados y de que vengan al mundo” (2)
En versos de este mismo libro sigue haciendo hincapié al rechazo a esa antigua tradición de fijar sobre los recién nacidos kunyas cuando exclama:
¡Cuán mentira llamarme, Abu l-Ala /El de la Alteza!,
Lo correcto, llamarme, Abu l-Nuzul/ El de la Bajeza. (3)
Ma’arri no nació ciego, sino que perdió la vista siendo muy niño, afectado por la viruela que le cegó dejándole muchas huellas de picaduras en su rostro. "Cuando yo tenía cuatro años, hubo un decreto del destino de mí, por lo que no podía distinguir un camello completo, de un grupo de camellos jóvenes, recién nacidos " (Smoor, P. Encyclopaedia of Islam, Second Edition) De ello nos habla con bastante ironía y amargura, tanto en sus versos como en su obra en prosa:
[…] La pérdida de mi vista; siempre en mi casa la permanecía,
                         Y la del alma en el hediondo cuerpo, por abstinencia. (4)
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(1), (3) y (4) Mahmud Sobh, Historia de la Literatura árabe clásica, Madrid, 2002, pág. 618.
(2). José Manuel Continente Ferrer, Páginas para un esbozo de Abu l-Ala’ Al Ma’arri (I), Revista Awraq, volúmenes 5 y 6, 1982-1983. pág. 89.
Yo no conozco los colores salvo el rojo de ellos, porque cuando padecí la viruela me vistieron un traje teñido de ‘usfur/alazor o azafrán (colorante obtenido de la flor del cártamo), y sólo me acuerdo de este color (5).
Sus primeros estudios fueron sobre materias religiosas y jurídicas bajo la tutela de su propia familia que era muy rica y culta. Su padre le enseñaba ilm al Hadit /la “Ciencia” de los dichos del Profeta y al-adab/la literatura; su abuelo la interpretación del Corán y su hermano le enseño al-fiqh/jurisprudencia islámica. Su familia encargó a gramáticos discípulos de Ibn Jalawayhi que le enseñaran poesía y prosa, y entre otras obras una que le influyó sobremanera fue: el Diwan de al-Mutanabbi.
Su afán infatigable por aprender le llevó al epicentro cultural por excelencia del momento, Bagdad, donde tomó contacto con los intelectuales más punteros de la época. Allí entraría en contacto con los ricos fondos bibliográficos que atesoraban las bibliotecas bagdadíes.
Mantuvo estrechas relaciones con personalidades del mundo científico, político y literario. Entre ellas destaca Al-Sarif al-Murtadá gran teórico del imamismo con el que mantuvo una firme amistad hasta que tuvieron un gran desencuentro por motivo de la aversión que Murtadá tenía hacia Mutanabbi.
El Profeta fingido, al-Mutanabbi, al cual Al-Ma’arri adoraba a través del conocimiento de su obra que llegó a aprenderse de memoria, se convertiría en su gran maestro. Incluso tuvo disputas personales en Bagdad con otros poetas e intelectuales que denigraban a  Mutanabbi.
También consideraba maestro suyo al Profeta Muhammad a quien pretenderá imitar en su obra prosaica titulada al-Fusul wa- l-Gayat /los Capítulos (equivalentes a las suras del Corán) y las Metas (equivalentes a las aleyas de las suras). Cuando se le decía que su obra no tenía la gracia del Corán manifestaba:
“Dejarla (en recitación) en el mihrab, durante cuarenta años, y ya veréis como tendrá esa gracia después”. (6).
La muerte de su madre y las disputas políticas en las que se vería envuelto en Bagdad precipitaron su regreso a su pueblo natal, Ma’arra, recluyéndose en su casa de modo indefinido hasta su muerte, que ocurrió en 1057,  dejando para la posteridad además de su singular obra el siguiente epitafio que mandó escribir sobre su tumba:
Este crimen lo cometió mi padre contra mí (al engendrarme),
más yo jamás he cometido crimen ninguno (por no engendrar hijos). (7)
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(5). Mahmud Sobh, Historia de la Literatura árabe clásica, Madrid, 2002, pág. 618.
(6) y (7). Mahmud Sobh, Historia de la Literatura árabe clásica, Madrid, 2002, pág. 620.
Parece ser que no tuvo problemas económicos en vida, lo que le permitió dedicarse de lleno a sus labores literarias y académicas. Se dice que era muy rico y que llevó una vida ascética manteniendo una constante practica de vigilias. Se toma como cierto que paso cerca de cuarenta y cinco años de su vida sin comer carne, huevos ni leche, alimentándose exclusivamente de verduras y frutas. Al-Ma’arri, en su voluntario retiro, recibió e impartió clases a estudiosos y alumnos entre los que se encontraban jueces, sabios, oradores, investigadores y eruditos de las religiones comparadas. Incluso llegó a elaborar diplomas de licenciatura (iyaza) a quienes asistían a sus disertaciones sobre una obra o materia. Contamos con el testimonio de Nasir Jusraw, un viajero persa que visitó “al Ciego de Ma’arra” que nos muestra retazos de su vida:
Un hombre, cuyo nombre es Abul-Ala y es ciego dominaba su ciudad. (…) Todos sus paisanos parecían ser sus servidores. Pero él había optado por la vida ascética y se vestía con ropas de suf/lana (como los sufies) y no salía jamás de su casa. Su alimentación cotidiana consistía solamente en un pan de cebada (…) Nunca se negaba a asistir y ayudar a los necesitados, ayunaba continuamente. (…) Permanecía en vela gran parte de la noche y nunca se preocupaba de las cuestiones de este mundo. (…) Ha escrito un libro titulado al-Fusul wa l-gayat, introduciendo en él muchas oraciones enigmáticas y de alegorías (…). (8)
Sobre este mismo hecho Continente Ferrer recoge las siguientes palabras expresadas por Nasir Jusraw:
“Cuando se le dice: Si Dios le ha otorgado tantas riquezas, ¿por qué las distribuyes entre las gentes y no disfrutas tú de ellas?; entonces responde: Yo no poseo nada más que lo que necesito para vivir”. (9).
La vida de Al-Ma’arri transcurre en medio de los aconteceres político-religiosos de una época convulsa e inestable. Por una lado, los bizantinos continuaban con sus intervenciones armadas, principalmente  en Damasco y Alepo, y por otro no cesaban las incursiones guerreras de los fatimíes. En medio de este escenario coexistían, no sin divergencias, las distintas ideologías musulmanas: propaganda sii imamí y proclamas sunníes, ambas en Bagdad y la pujanza de los programas fatimíes, con la creación de la mezquita y universidad al- Azhar en El Cairo.
Se ha difundido por algunos investigadores de la obra y vida de nuestro autor, entre ellos Nicholson, que Al- Ma’arri simpatizaba con los fatimíes y su idea de la taqiyya u ocultación de las verdaderas ideas. Lo cierto es que son inseparables unas de las otras, es decir, lo religioso de lo político, en el entramado social islámico de la época. Por ello, conocer las creencias religiosas de “el Ciego” es una labor ardua que requiere de un minucioso análisis, ya que toda su obra se caracteriza por una ambigua vaguedad en estos temas.
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(8). Mahmud Sobh, Historia de la Literatura árabe clásica, Madrid, 2002, pág. 621.
(9). José Manuel Continente Ferrer, Páginas para un esbozo de Abu l-Ala’ Al Ma’arri (I), Revista Awraq, volúmenes 5 y 6, 1982-1983. pág. 95.
Se le ha tachado de herético y ateo, pero a nuestro entender esto queda lejos de su verdadero sentir místico. Ya en su  inscripción funeraria se apostilla su nombre con esta mención:
 “Dios esté satisfecho de él”. Fórmula qué únicamente acompañaba a los nombres de los compañeros del profeta en un primer estadio y que luego se aplicó, en general, a los místicos y sufies”. (10).
PRODUCCIÓN LITERARIA.
En la obra de al-Ma’arri encontramos muchas facetas de su quehacer intelectual, así vemos yuxtaponerse, tanto en la temática tratada como en sus aspectos formales, al pensador, al poeta, al retórico, al filólogo, al lexicólogo, etc.
El gran estudioso de la obra y vida de Al Ma’arri fue el escritor egipcio Taha Husayn quien llegó a profesar una adoración confesa por “el Ciego”. No sólo le dedicó su Tesis Doctoral titulada “Dikra Abi l-Ala (1914), sino que elaboró varias obras de forma exclusiva centradas en el poeta y filósofo sirio. Como nos dice Julia Carabaza, llegó a convertirse en un “amigo íntimo” de Al Ma’arri, (11). Taha Husayn se adentra en el desciframiento de las posturas filosóficas y religiosas de Al-Ma’arri, en un intento más que loable por captar, no sólo la esencia del mensaje de aquél, sino para hacernos más entendible a un autor al que consideró “su lejana alma fraterna” (12).
Obra poética.
“Saqt al-zand” /la Chispa del eslabón.
Según la fuente a la que acudamos encontramos diferentes traducciones a este título, así  Smoor, P.en la " Encyclopaedia of Islam, Second Edition” la denomina: “The first spark of the tinder”. ("La primera chispa de la mecha / yesca"). Esta obra además de recoger los primeros poemas que “el Ciego” había escrito en su juventud incluye elegías a su padre, a su madre, a amigos suyos e incluso por la muerte de un primo suyo. Poemas laudatorios que también englobaban a diferentes personalidades que habían caído en alguna de las guerras. Sin embargo, parece ser que se negaba a producir composiciones laudatorias para la nobleza, lo que le acarreó enemistades y problemas financieros según Smoor, P, en el artículo antes citado.
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(10). José Manuel Continente Ferrer, Páginas para un esbozo de Abu l-Ala’ Al Ma’arri (I), Revista Awraq, volúmenes 5 y 6, 1982-1983. pág. 102.
(11). Julia María Carabaza Bravo, Dos grandes figuras de la Literatura árabe: Taha Husayn y Abu l-Ala al-Ma’arri. , Miscelánea de Estudios Árabes y Hebraicos, año 1989 – 1990, Vol.: 38, nº 1. pág. 32.
(12). Julia María Carabaza Bravo, Dos grandes figuras de la Literatura árabe: Taha Husayn y Abu l-Ala al-Ma’arri. , Miscelánea de Estudios Árabes y Hebraicos, año 1989 – 1990, Vol. 38, nº 1. pág. 37
Podemos vislumbrar en los siguientes versos la profunda amargura que le causa la muerte de un amigo suyo que era alfaquí:
(…) No sé si la paloma festeja su libertad chillando tanto,
sobre su tierna rama o lastima su soledad y su sufrimiento;
(…) ¡Amigo mío!, nuestros sepulcros ya llenan todo el santo
planeta, ¿dónde están las tumbas desde el primer momento?;
(…) Hemos de caminar sobre la faz de esta tierra muy lento,
y con suavidad, que está hecha de la piel de cada muerto. (13)
La poesía de esta obra se caracteriza por su riqueza ornamental, la utilización de figuras literarias rebuscadas, además del frecuente uso de la paronomasia y el doble sentido de las palabras. Lo más destacable de esta obra son sus máximas sobre la vida y la muerte, sobre la naturaleza humana y la propia vida del poeta y sus contradicciones. Y a pesar de la pesadumbre que demuestra en muchos de sus versos como símbolo de su amargo destino, deja entrever en otros su aspiración a una compasión universal:
Si a mí solo, todo el Paraíso Eterno se me regalara,
Jamás querría vivir en él sin que nadie me acompañara;
Que jamás sobre mí y nunca sobre mi tierra lloviera,
Una gota de la abundante nube, si toda tierra no regara. (14)
En este diwan Al Ma’arri sigue en muchos momentos la división clásica de la qasida en Nasib, Rahil y Madih, aunque con excepciones rechaza en algunos casos el Nasib o lo elimina por completo. Nos describe en un Nasib el arrullo de tórtolas o palomas que le conduce a recordar a un amor del pasado o bien al anhelo del poeta por un ser querido. Se produce entonces una introspectiva reflexión  sobre la forma en que el sonido del arrullo le ha conducido a esos sentimientos y pensamientos tan íntimos y profundos.
“Al-Luzumiyyat” /las Autoobligadas rimas.
Obra compuesta en el segundo periodo posterior a la estancia del poeta en Bagdad, fue mucho menos popular en el mundo musulmán que Saqt al-zand. Smoor P, en la Encyclopaedia of Islam, traduce la obra como  “Committing one's self to what is not obligatory” or “The self-imposed compulsión”, que podría traducirse como: "Cometer uno mismo lo que no es obligatorio" o "La obligación/compulsión autoimpuesta".
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(13). Mahmud Sobh, Historia de la Literatura árabe clásica, Madrid, 2002, pág. 622.
(14). Mahmud Sobh, Historia de la Literatura árabe clásica, Madrid, 2002, pág. 623.
El contenido de esta obra fue definida por el propio autor como una glorificación de Dios, una advertencia para el olvido y el despertar frente a la negligencia y una advertencia contra la burla del mundo de Dios. El poeta manifiesta, además, que no quiere seguir los temas normalmente prescritos, criticando a aquellos literatos que utilizan el adorno de la palabra para apuntalar la mentira.
En este libro Al-Ma’arri despliega toda su sapiencia filosófica e intelectual obligándose a componer con los siguientes requisitos:
1.      Utilizar todos los fonemas árabes.
2.      Utilizar en la rima las tres vocales y la no vocal (sukun).
3.      Construcción de otros fonemas dentro de la misma rima, aunque en la poesía árabe se ha de mantener sólo el último fonema con una vocal determinada como monorrima en todo el poema.
De esta forma, el poema se convierte en un ejercicio artesanal muy complicado y artificioso ya que, asimismo, los colmaba de muchos géneros de la retórica árabe y con términos nuevos de la ciencia y de la filosofía. En todas ellas mostrará su fatalismo y escepticismo ante Dios, la religión y la vida. Valgan estas líneas como ejemplo:

¿Por qué no se escapa el hombre del Reino de su Señor,
saliendo de su tierra y de su Cielo, libre libertador? (15)


Se han adornado con el sufismo en mucho engaño,
Se ha de comprobar las personas desde muy antaño;
En su éxtasis van girando sin gravedad ni tamaño,
Como, por ebriedad, tragaran un vino sin marca ni año. (16).

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(15). Mahmud Sobh, Historia de la Literatura árabe clásica, Madrid, 2002, pág. 624.
(16). Mahmud Sobh, Historia de la Literatura árabe clásica, Madrid, 2002, pág. 624.
Los musulmanes, equivocados; los cristianos, desviados,
Los judíos, perplejos, y los zoroastianos, extraviados;
Los hombres del mundo son de dos géneros generalizados:
El que ha intelecto sin religión y el que ha sólo fe en hados. (17).
“Al-Dir’iyyat”/ las Cotas de malla.
Es un breve diwan en el que Al Ma’arri elogia el coraje (al-hamasa) y entusiasmo de los jinetes árabes intentando emular la poesía épica de autores como Abu Tammam y su Poesía de bravura o bien de al Buhturí y su Poesía épica. Esta obra causó un gran impacto porque trataba un tema muy arábigo de la época preislamica. Su estilo no deja de ser, como siempre, dificultoso, alambicado y complicado.
“Mu’yiz Ahmad” /Prodigio de al Mutanabbi.
Como dijimos anteriormente al Ma’arri  profesaba una fé ciega por al-Mutanabbi, imitándole incluso hasta en su escepticismo y en su rechazo de lo que admitían los demás y en esta obra lo corrobora.
“Dikra Habib” /Conmemoración de Abu Tammam
A través de este libro “el Ciego” pretendía rendir homenaje a la verdadera poesía árabe que para él no era otra que la de los neoclásicos, excluyendo de esta consideración a los modernistas, a los que consideraba antiárabes o persas, entre otros apelativos, a cual más despectivo.
“Abat al Walid” / Juego (artístico) de al Buhturí.
Esta obra sobresale por ser un “divertimento” libre de todo el encorsetamiento que supusieron las obras citadas anteriormente y que estaban más centradas en el estudio y la investigación de sus autores y sus obras. En ella ya no muestra un compromiso por lo clásico árabe, es más bien un deshacer las reglas establecidas que marcaron la poesía neoclásica, y con ello crear unas reglas más innovadoras.
Obra en prosa.
“Risalat al sufran”/Epístola del perdón.
Toma como referencia el viaje nocturno de Muhammad por los cielos astronómicos desde Medina a Jerusalén y vuelta en una sola noche y conocido desde estonces como isra.
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(17). Mahmud Sobh, Historia de la Literatura árabe clásica, Madrid, 2002, pág. 625.
Citamos las palabras de Sobh en su definición de esta obra singular:
 “(…) celeste y vertical, se trata de un viaje (…) al Más Allá, al Cielo: Paraíso o Infierno, para burlarse de las creencias y de las religiones y hasta de Dios mismo”. (18).
Queda muy sorprendido en este viaje al encontrar a multitud de personas conocidas en alguno de los dos estadios, cuando suponía que estarían en el otro y viceversa.
En esta obra han querido ver numerosos estudiosos, en especial Miguel Asín Palacios en su libro “La escatología musulmana en la Divina Comedia”, el precedente indiscutible de “La Divina Comedia” de Dante Alighieri; las semejanzas y paralelismos entre ambas  son ineludibles.
“Al Fusul wa-lgayat “/Los Capítulos y las metas.
Debemos entender Capítulos como las suras coránicas y metas como las aleyas rimadas del Libro sagrado. De esta manera Al Ma’arri intenta realizar, para algunos, una obra de imitación del Corán. El libro contiene, entre otros asuntos diversos, pensamientos acerca de Dios: su omnipotencia, la justicia, la bondad y la eternidad, que contrasta con la aguda observación de los cambios ineludibles del destino que dominan al hombre en su vida cotidiana. La idea de Dios se ve con frecuencia como relacionada con la predestinación y el inevitable castigo eterno, y a su vez exhorta al hombre a practicar el ascetismo. El uso de la prosa rimada, las advertencias sobre el juicio inminente y los juramentos son aplicados continuamente a modo de advertencia y confirmación de que el Juicio Final, uno de los pilares de la ideología islámica,  se producirá.
EPÍLOGO.
Como hemos expuesto, Al Ma’arri es una de las cumbres de la literatura árabe clásica, sobre todo en la segunda época abbasí. Es un autor inclasificable con una gran formación humanística lo que le llevo a un cuestionamiento perpetuo de todas las religiones y creencias, incluída la musulmana. Sin embargo, creemos entrever en su obra una inclinación manifiesta hacia las posturas místicas de los sufies, que propugnaban  la contemplación y asunción de la vida como un camino ascético para alcanzar el favor divino. Ateniéndonos a las palabras de Vernet, podríamos decir de Al Ma’arri que es “un librepensador completamente desligado de la tradición islámica” (19).
Una mente universal sin prejuicios que tuvo el valor de denunciar lo que ya percibía en su época que estaba produciéndose entre las filas musulmanas: el encorsetamiento del conocimiento, la falta de libertad de conciencia, de libertades políticas y la obstaculización del libre conocimiento, mediante una cultura que no responde a la esencia del Islam.
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(18).  Mahmud Sobh, Historia de la Literatura árabe clásica, Madrid, 2002, pág. 629.
(19). Juan Vernet, Literatura árabe, El Acantilado, Barcelona, 2002. pág. 137.
Para Smoor, P., Al Ma’arri fue expulsado de Bagdad debido a las duras críticas que vertió sobre determinadas normas del fiqh o jurisprudencia islámica.
Su obra esta impregnada de un profundo escepticismo hacia la vida y las creencias religiosas en particular, si bien las imitaciones coránicas tanto en poesía como en prosa, pueden apuntar hacia una fe ciega en la persona, que no en la religión, de Muhammad: el Profeta.
Sus libros debieron ser comprendidos en muchos casos a través de sus propios comentarios, debido en gran parte al estilo alambicado que los mismos poseían. motivado en gran parte por el profundo conocimiento que de la lengua árabe tenía, ya que era un minucioso y analítico lingüista. En ellas encontramos un despliegue filosófico que en algunos casos encuentra acomodo en lo esotérico; de hecho, en algún momento fue adscrito a la corriente fatimí de la ocultación y el disimulo (la taqiyya).
Fue un hombre que estuvo a contracorriente de la sociedad de la época, que fue capaz de crear su propio sistema de valores al margen de la arabidad que todo lo impregnaba e incluso del propio Islam. Era individualista y gregario como ninguno, alardeando de que las cosas se aprenden por uno mismo. Puede ser considerado como ejemplo de antinacionalismo árabe, ya que no toma partido, lo que le llevó a ser un gran incomprendido en la época que le tocó vivir.
Su madurez intelectual se cifra en haber sido capaz de superar tanto el mundo religioso y político que le circundaba como el mundo intelectual en el que se desenvolvió. Demuestra con ello ser un adelantado de su época y un paradigma de modernidad sobre todo lo existente, pues tiene la capacidad de ver desde fuera todo lo religioso y cultural de su momento. Tuvo la osadía de desafiar el dogma de la inimitabilidad del Corán sin dejar de lado sus aspiraciones místicas y ascéticas. Inclasificable, ataca el arabismo y la arabización y muestra su lado más crítico arremetiendo contra todo formalismo. Su desasimiento de todo lo conocido y existente de su momento, auspiciado por un gran sentido autocrítico, le conducen a ser considerado como un “antisistema”.

BIBLIOGRAFIA.
Carabaza Bravo, Julia María, Dos grandes figuras de la Literatura árabe: Taha Husayn y Abu l-Ala al-Ma’arri. , Miscelánea de Estudios Árabes y Hebraicos, año 1989 – 1990, Vol.: 38, nº 1.
Continente Ferrer, José Manuel, Páginas para un esbozo de Abu l-Ala’ Al Ma’arri (I), Revista Awraq, volúmenes 5 y 6, 1982-1983.
Smoor, P. "al- Ma’arrī, Abu 'l-Alā Ahmad b. Abd Allāh b. Sulaymān." Encyclopaedia of Islam, Second Edition. Edited by: P. Bearman; , Th. Bianquis; , C.E. Bosworth; , E. van Donzel; and W.P. Heinrichs.
Sobh, Mahmud, Historia de la Literatura árabe clásica, Cátedra, Madrid, 2002
Vernet, Juan,  Literatura árabe, El Acantilado, Barcelona, 2002.
Bukele Kattán, Armando, Dante, La Divina Comedia.

http://www.webislam.com/?idt=5748 (Última consulta: Noviembre 2010).

Literatura Árabe Clásica (III), El periodo ‘abbasí, Redacción Alif Nûn, Kálamo Libros, S.L., Madrid, 2006.


Al Ma’arri, From Wikipedia, the free encyclopedia.

http://en.wikipedia.org/wiki/Al-Ma'arri (Última consulta: Noviembre 2010).

Abu AL-‘Alá Al-Ma’árri y Dante Alighieri, Mahmud Husein (Conferencia dada por el Imam M. Husain en la Feria del Libro en la presentación del libro Dante y el Islam del autor Shamsuddín Elías).


















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