jueves, 8 de marzo de 2012

Salaf al din Yusuf, (Saladino): el místico.













SALAH AL DIN YUSUF, (SALADINO):
 EL MISTICO.




Salah al Din Yusuf, más conocido en Occidente como Saladino, tuvo en sus inicios una formación religiosa acorde con los postulados sufíes que profesaba su padre. Éste ya hizo construir mezquitas y  zawiyas para un grupo de sufíes siguiendo el mandato de sus maestros selyucidas, para los que el desarrollo de la cultura y la religión eran tan prioritarios como la conquista de nuevos territorios.

A los siete años Salah al Din Yusuf es enviado por su padre a estudiar con maestros sufíes que le enseñaban obediencia y disciplina. Principalmente tenía que aprenderse de memoria, incluso antes de saber leer y escribir, los versículos del Corán. Pero sobre todo sus maestros sufíes le hablaban de amor:

-          Dios es amor – decían –, y sin amor no hay nada. Vosotros decís que creéis en Dios, pero ¿dónde está vuestro amor por Él? Orad de todo corazón y dad gracias sin cesar por todo lo que os ha sido dado. (1).

En esos primeros momentos el joven Saladino absorbe la doctrina ascética de rechazar el mundo y todo lo material que en él hay para dirigir todo su anhelo hacia el Ser Divino, que es lo único que permanece. Estas palabras sin duda hacen mención a la Revelación coránica que dice:

¡No invoques a otro dios junto a Dios! ¡No hay más dios que Él! Todo perece, salvo Él (literalmente, “salvo su faz”) C. 28:88 (2).

Tan sólo con nueve años ya comenzó a meditar sobre frases que repetía incesantemente, ejercicios espirituales que aún ni siquiera comprendía, pero que dejaron una huella indeleble en su espíritu. Todo era muy extraño y, por supuesto, difícil de asimilar para un niño de tan corta edad, pero durante mucho tiempo recordó en su memoria el precepto que sus mentores le repetían:

“Purifícate de cualquier atributo del yo a fin de percibir tu esencia brillante” (3).

Sentía una atracción sublime por Al-Ghazali, a quien estudió en profundidad, tanto sus postulados teológicos como filosóficos y muy especialmente su poesía, la cual  le había causado una honda impresión. Y comprendió la labor excelsa de aquél al casar las prácticas de la Umma en general, con la ascesis unitiva de la mística sufí.

En el trascurso de los años, el joven Saladino entro en diferentes momentos de crisis personal cuestionándose toda la enseñanza que había adquirido en compañía de sus maestros sufíes. Durante todo este tiempo le asaltaban frecuentes preguntas  sobre el secreto del mundo y la razón de la existencia del ser humano. Se preocupaba sobremanera por encontrar la causa de tanto sufrimiento, crueldad, injusticia y miseria existentes en el mundo. Buscaba la Verdad ansiosamente no sin debatirse entre la duda y la incertidumbre sobre lo que debía o no debía creer.
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(1) y (3) Chauvel, Geneviéve, “Saladino. El unificador del Islam”, Madrid: El País, 2005, pág. 20.
(2)  “El Corán”, Edición Julio Cortes, Editora Nacional, Madrid, 1979, pág. 475
No encontraba respuesta ni consuelo a tanta interrogante, pero tuvo la fortuna de entrar en contacto con un jeque sufí en la corte de Nour-ed-Din que, intuyendo su inquietud le manifestó:

-          El mundo es relativo y no ha habido creación. No hay sino el advenimiento del Ser. […].

-          Tú no eres la causa de nada y no puedes elegir. Dios es Todopoderoso. […].


-          Sólo existe Dios. […] Nosotros somos sus actores en el escenario que construyó para verse a sí mismo. […]

-          El principio esencial es la Unidad de Dios –decía el jeque-.Cuando sabes esto, todo lo demás te es dado. Haz de Dios una realidad y Él te hará verdad.


-          Sólo puedes despertarte si lo quieres- continuaba el jeque-. Y entonces comienza a actuar sobre  ti mismo. Poda todo lo superfluo, lo malo y lo artificial y no te quedes sino contigo mismo: quien eres y aquello que eres […].

-          Olvídalo todo- decía el maestro-. Deja morir lo que piensas de ti para que nazca aquello que eres realmente. Y así verás tu alma(4)

Estas palabras consistieron en realidad en una especie de iniciación espiritual para ahondar en el mundo del Conocimiento más allá de lo meramente cognoscible. Es decir, emprender una lucha incansable para alcanzar la aniquilación del “ego”, que no es más que una ilusión que no permite ver la verdadera realidad existente. Para que exista un cambio real uno debe desprenderse del espacio que cree su “yo” que es, ante todo, individual y errático. Más allá de esto, puede encontrar una unión con algo más grande en el que integrar su espíritu, ya libre de toda atadura o creencia superflua que le condicione como ser humano.

Se le enseñó la técnica sufí de observar la respiración, intentando con ello desarrollar un estado en el que la misma sea lenta y controlada y que le permita expulsar todo atisbo de pensamiento. Todo ello con una gran dedicación y esfuerzo personal por su parte, que sin duda alguna le debió imprimir un carácter indeleble, tanto a su persona como a su forma de pensar y ver la vida, siempre en consonancia con la más estricta disciplina sufí. De esta forma Salah al Din Yusuf experimentó sensaciones profundas de serenidad y emoción unidas a visiones de intensa luz. Esto le apartó en gran medida del mundo y le hizo sumergirse en una búsqueda del éxtasis sublime en la Unión con Dios, la meta del místico sufí. De hecho, vestía como ellos, con túnica de algodón rugoso y sandalias de mendigo. Esto fue motivo de fricciones con sus allegados al considerarlo deshonroso e indigno, tanto para él como para la propia familia.


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(4). Chauvel, Geneviéve, “Saladino. El unificador del Islam”, Madrid: El País, 2005, Págs. 35 y 36.
Sin embargo, Saladino continuó durante bastante tiempo frecuentando las zawiyas sufíes, e incluso  llegó a entrar en contacto con un grupo de mevlevi que venidos de Turquía le enseñaron la danza de los danzantes giróvagos. Estos derviches eran discípulos de Jalal al Din Rumi, quien había fundado esta orden en Konya (Turquía). Su ceremonia consiste en una danza-meditación, llamada sama, en la que los danzantes giran sobre sí mismos con los brazos extendidos y acompañados por sones de música de flauta y tambores. Con ello simbolizan el baile de los planetas y al mismo tiempo la ascendencia espiritual que se alcanza una vez liberado de las cortapisas del “ego”. (5)

Al tiempo que Salah al Din Yusuf emprendía su vida militar no cejaba en su empeño por alcanzar el cenit en la Vía mística en la que se había iniciado desde muy niño. Esto le causaba enormes quebraderos de cabeza, sobre todo cuando recordaba las frases de su mentor:

-          “Si hablas con el corazón, podrás avivar el fuego en los corazones de los otros. Y no hay nada que una más que el amor.” (6).

Todas las proclamas bélicas que escuchaba en su entorno le sumían en unas contradicciones exasperantes, pues chocaban con sus inquietudes de búsqueda espiritual. Unas y otras llegaron por momentos a imbricarse de tal manera que las acometidas guerreras no se hacían sin antes haberse conjurado para dominar antes que ser dominado, fuese por el “yo” o por el enemigo, y en esos momentos ambos eran lo mismo.

Su compromiso con la Vía sufi le llevó a practicar el “zikr” durante largas horas repitiendo incansablemente el nombre de Dios y plegarias que por su continua entonación le producían una gran intensidad espiritual. El término “zikr” significa recuerdo, recuerdo de los atributos de Dios, así lo recoge el Qur’an:

Quienes crean, aquéllos cuyos corazones se tranquilicen con el recuerdo de Dios - ¿cómo no van a tranquilizarse los corazones con el recuerdo de Dios? -, quienes crean y obren bien, serán bienaventurados y tendrán un bello lugar de retorno. C. 13:28 (7).

Se repite una palabra o frase extraída del Corán y que los maestros sufíes determinan en cada momento concreto. Todo ello de forma melódica como una entonación de cántico, mientras se balancea el cuerpo de un lado a otro. El ritmo se va acelerando y el nombre de Dios puede parecer que asciende y desciende y reverbera en las paredes del habitáculo, consiguiendo con ello un estado en el que desaparece la consciencia y todo deseo carnal. Algunos de los derviches entran en éxtasis empezando a cantar a viva voz, mientras otros se ponen en pie y comienzan a danzar girando sobre si mismos, desplegando los brazos y  moviéndose vertiginosamente. (8).
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(5) Consultar la Web de los derviches mevlevi en Galata, Estambul, Turquía http://www.rumimevlevi.com/ (Última consulta: Noviembre 2010).
(6) Chauvel, Geneviéve, “Saladino. El unificador del Islam”, Madrid: El País, 2005, Págs. 44.
(7) “El Corán”, Edición Julio Cortes, Editora Nacional, Madrid, 1979, Pág. 315 y 316.
 (8). Ver la web de la orden sufí Naqsbandi: http://www.naqshbandi.org.es/Oceanos%20Luz%20Zikr.htm (Última consulta: Noviembre 2010).
Todas estas experiencias contrastaban ferozmente con su cometido militar, al que se veía abocado por sus parientes. De él se esperaba mucho, y bien que lo sabía, pero sin embargo esto no hacía más que producirle intranquilidad y sumirle en profundas dudas. Más aún tras lo que había visto y oído entre los cristianos. Un Dios que moría en una cruz; ¿acaso un Dios podía morir? y Allah, ¿qué papel jugaba en todo esto?

Saladino sabía moverse muy bien en la corte entre cadíes, ulemas, letrados, hombres de ciencia y religión. Entre ellos eran numerosos los sufíes. De esta forma podía contrastar sus sentimientos con algún jeque sufí con el que coincidiese e intentar buscar respuesta a tantas interrogantes que le asediaban. Por un lado, le atormentaba la lucha entre el deseo de dedicarse a una vida ascética en una zawiya y por otro el deber de atender las expediciones guerreras. Su amor por Dios rehuía la lucha, pues la consideraba como una verdadera penitencia: […] Él me envió los peores sufrimientos. Quería adorarlo en uno de sus conventos y Él me envió al infierno […]

Su maestro sufí trataba de calmarlo con respuestas firmes y contundentes que pudiesen a la   vez  disiparle todas sus dudas y reafirmarle en la Vía que había iniciado desde niño:

[…] Cree con todo tu ser. ¡Deja morir tu alma para renacer en el Alma única! […]

-          En cuanto pones el pie en el “camino” pasas a ser un servidor durante el resto de tu vida. No hay retorno posible. (9)

Le atormentaba volver al campo de batalla pues lo consideraba un pago injusto a su incondicional adhesión a la adoración a Dios. Había hecho grandes sacrificios por esta causa y ahora se veía de nuevo obligado a partir hacia nuevas conquistas. Se resistía a creer que todas sus anhelos místicos tendrían como único fin acatar las órdenes de Nur –ed-Din. Esto le producía muchas decepciones y pesares, pues se veía expuesto a enormes peligros y riesgos inevitables en cuanto se enfrentase al enemigo. Era entonces cuando se le venía a la memoria el recuerdo de las palabras de sus maestros, que le habían formado en la disciplina de ver el mundo como una irrealidad sin valor alguno, siempre y cuando no hiciese algo provechoso con ello. Y esta capacidad de ser útil a si mismo y a su comunidad le estimulaba a avanzar sin miramientos, rememorando las palabras del Libro sagrado:

-          Tu Señor no te ha abandonado ni aborrecido.

-          Sí, la otra vida será mejor para ti que ésta.      

-          Tu señor te dará y quedarás satisfecho     C. 93:3,4 y 5 (10).

Se sometía  a toda suerte de  mortificaciones que le causaban una mayor inquietud que solo calmaba con los continuos rezos que dedicaba a Allah. No cesó de rememorarlo nunca, teniéndolo presente a cada instante de su vida, pues esto le había servido para ahuyentar las rebeliones interiores que tanta mella le causaban. Con ello venció la insumisión que sus dudas le  generaban y pudo  superar el  insondable miedo que le agitaba como a un poseso.
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(9). Chauvel, Geneviéve, “Saladino. El unificador del Islam”, Madrid: El País, 2005, Págs. 73.
(10). “El Corán”, Edición Julio Cortes, Editora Nacional, Madrid, 1979, Pág. 752.
Sin  embargo cuando  echaba la vista atrás para  observar todos aquellos momentos de crisis, podía  apreciar  como la victoria no había sido tan dificultosa de alcanzar. Su mayor objetivo entonces era conciliar  las obligaciones que le imponía su cargo con la disciplina del camino espiritual. Deseaba experimentar lo que le contaban ciertos místicos de su cofradía de sufíes sobre que podían abandonar  su cuerpo y viajar con su espíritu. Se sometió para ello a diversos ejercicios respiratorios y de meditación para lograr elevarse sobre lo meramente material y alcanzar espacios liberadores. Todas estas experiencias las retuvo durante toda su vida como aquel que atesora un secreto oculto de un valor incalculable.

Con el tiempo Salah Al Din Yusuf llegó a edificar zawiyas para numerosos místicos contempladores protegiéndolos y al mismo tiempo auspiciando su ejercicio espiritual con nuevas construcciones, que generación tras generación, fueron sucediéndose a lo largo de todo el país. Siguiendo el ejemplo del califa abasí y una vez que Egipto volvió a la disciplina de este califato, tras el fin del califato fatimí, creó en El Cairo una zawiya o también denominada “janqab de Said as Suada”, que”sirvió de residencia a trescientos sufies orientales al mando de otro “gran jeque”. (11).  De esta forma, no solo ganaba respeto entre las cofradías sufíes, sino que al mismo tiempo, y dada su “extravagante generosidad”, conseguía seguidores para sus  campañas guerreras. En palabras de Richards D.S., Saladino trataba a todos sus adeptos “como si fueran sus familiares”, (“as though they were his kin”) (12), signo claro del prototipo de caballero musulmán, guerrero espiritual (futuwah), comprometido en servir a Dios a través del servicio a todas sus criaturas. Hay quien lo interpreta como una estrategia política para conseguir tropas fieles dispuestas a seguirle hasta la muerte. Sin embargo, en aquel tiempo  había mostrado un gran arrepentimiento (tawba) después de cada acción militar y de esta forma desarrolló un sentido útil de acción que encerraba el propósito de adorar a Dios por encima de todo.

Su determinación y apuesta eran tan firmes en la lucha por alcanzar sus objetivos de servicio a la comunidad, y por ende, al Islam, que llegó a acuñar su inscripción con el nombre, más que simbólico, de “Emir de los Creyentes” (Muhyi dawlat amir al muminin). De esta forma, integraba su lucha personal e individual por obtener la unificación con Dios, con la guerra contra los infieles y herejes que ostentaban el poder en Jerusalén, principalmente. Al mismo tiempo, se convertía por motu propio en abanderado de la comunidad de musulmanes que le seguían fervorosamente. Era consciente de su valía personal y su idoneidad para conducir a sus gentes hacia la victoria, sin embargo sus inquietudes místicas se veían contrarestadas por una gran ambición que sobresalía en todos los ámbitos. Con el tiempo llegó a conjugar esta tarea militar y expansionista con un propósito moral que se tradujo en la paz interior que tanto había anhelado. Entonces dedicó todas sus energías, una vez reconquistada Jerusalén, a construir hospitales, restauró la Cúpula de la Roca y la Mezquita Al Aksa e incluso llegó a instalar la residencia del Patriarca latino en un Khanegah sufí. (13).

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(11).  Popovich, Alexandre y Veinstein, Gilles, “Las sendas de Allah”, Las cofradías musulmanas desde sus orígenes hasta la actualidad, Ediciones Bellaterra 2000, S.L., Barcelona, 1997, Pág. 269.

(12) y (13). Richards, D.S. "alā al- Dīn, al-Malik al-Nāir Abu 'l-Muaffar Yūsuf b. Ayyūb (Saladin)." Encyclopaedia of Islam, Second Edition. Edited by: P. Bearman; , Th. Bianquis; , C.E. Bosworth; , E. van Donzel; and W.P. Heinrichs.
Salah al Din Yusuf estuvo adscrito a la escuela de jurisprudencia Safi’iya a la que también se fueron sumando con el tiempo gran parte de los  miembros de su dinastía. En la inauguración o apertura (wakfiyya) del Khanegah y madrasa que fundó en El Cairo se destaca que dicho lugar está asignado a la ayuda de los pobres safi o maliki (14).

La escuela Maliki de jurisprudencia musulmana esta basada en las prácticas de la comunidad de Medina. Utilizaban entre otros argumentos el consenso (iyma) de los sabios como tradición viva heredada de la época tribal preislámica.  En el caso de Saladino sus postulados esenciales sobre la religión comulgaban con la Teología (ilm al Kalam) de Al-Asa’ari. La teología musulmana, como toda Teología de las religiones del Libro,  pretendía avocar la razón al servicio de la fe. La escuela asa’ari se singularizaba en un primer momento por seguir los planteamientos de los mutazilies, que daban preponderancia a la razón (‘aql) para marcar las directrices incluso de la propia Ley. Posteriormente renegó de estos planteamientos reconciliando sus tesis con la de los hanbalies. Éstos reducían las consideraciones de la razón a sus ínfimas consecuencias, apostando explícitamente por la doctrina del Corán increado y censurando tajantemente cualquier otro tipo de norma o acción que no sea referida al Corán.  En definitiva, Al-Asa’ari, llego a consensuar todas las tendencias teológicas con gran plasticidad para conseguir ser reconocida prácticamente como la doctrina común a seguir por todos en el Islam. (15).

Los vínculos de Salah al Din Yusuf con la Safi’iya debieron ser más que significativos, ya que en la inscripción de la madrasa fundada por él en la tumba de el propio Al Safi’i, figura una reseña bastante inusual dedicada a Saladino. Según Richards, D.S. también se citaban los títulos que poseía y todo ello por “the initiative of the shayh Al-Khabushani” (16).  Al-Safi’i mantuvo estrechos lazos de actuación con las tendencias más discretas del sufismo. Admiraba las virtudes espirituales de los sufies y su decidida apuesta por el ascetismo y la búsqueda implacable de la unión con Dios. (17).

Con todo lo anteriormente expuesto, podemos llegar a la conclusión que las acciones expansionistas de Salah al Din Yusuf y su empeño por recuperar Jerusalén para el Islam, se encuadran dentro de un proyecto global más amplio que el solamente económico, político y militar. Este proyecto podría encajar en el ámbito religioso y  tendría también como finalidad  extender la cultura y el conocimiento oriental y espiritual a Occidente. El canal usado para ello fueron las Cruzadas. Sin ellas, como señala Ernest Scott, no hubiera podido producirse el movimiento trovadoresco en Europa, que sirvió como instrumento para acarrear la temática y elementos significativos de la moral y espiritualidad de la mística sufi. Perseguían en gran medida producir un efecto de transmutación espiritual muy acorde con la alquimia interior inspirada por el sufismo. (18).  

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(14) y (16). Richards, D.S. "alā al- Dīn, al-Malik al-Nāir Abu 'l-Muaffar Yūsuf b. Ayyūb (Saladin)." Encyclopaedia of Islam, Second Edition. Edited by: P. Bearman; Th. Bianquis; C.E. Bosworth; E. van Donzel; and W.P. Heinrichs.

(15) y (17) Galindo Aguilar, Emilio, “Enciclopedia del Islam”, Darek – Nyumba, Madrid, 2004, Págs. 74, 204 y 419 respectivamente.

(18). Consultar: La Búsqueda del Santo Grial, “Las Cruzadas del Islam secreto”, www.labusqueda.org, http://perso.wanadoo.es/ricardo.cob/novedades.htm
Es relevante la historia de Ricardo Corazón de León, enemigo acérrimo de Saladino, su enemigo sarraceno, como lo llamaba, pero que al mismo tiempo mantenía una relación muy especial con él. “Saladino envía a su médico personal para atender a Ricardo cuando éste está enfermo y se cuenta que Ricardo ofreció a su propia hermana como esposa para el hermano de Saladino”. (19). Salah al Din Yusuf fue capaz de perdonar la vida de muchos de los prisioneros que hizo en la reconquista de Jerusalén y ello fue debido, en gran medida, a sus buenas relaciones con algunos de los nobles europeos que promovieron las Cruzadas.

En otro orden de cosas, nos encontramos con la tendencia tanto en el mundo islámico como en Occidente, de considerar a Salah al Din Yusuf como el prototipo ejemplar del muyahid islámico. Este término en árabe significa esfuerzo, pero esfuerzo llevado a la práctica, tanto para alcanzar una elevada posición espiritual como para lograr un beneficio considerable para la Umma. También en el contexto político debe tenerse en cuenta que yihad puede interpretarse como la guerra contra el infiel que pretenda usurpar las tierras del Islam. Como hemos visto anteriormente, Saladino mantuvo una lucha personal consigo mismo y sus creencias durante prácticamente toda su vida. Es evidente que en la figura de Salah al Din Yusuf se dan estas dos vertientes. Sin embargo, el término yihad requiere un acercamiento más delicado por las diversas variantes que pueden englobarse en el mismo, a saber:

-          El yihad del corazón: La lucha espiritual con uno mismo.
-          El yihad de la lengua: Legislar justamente.
-          El yihad de la mano: Dictaminar medidas correctivas para el creyente.
-          El yihad del dinero: Cubrir las necesidades de la Umma.
-          El yihad de la predicación: Expandir el Islam mediante una acción proselitista.
-          El yihad de la espada: Defender las tierras del Islam con acciones armadas. (20).

Cualquiera de los anteriores exponentes del término yihad podría ser aplicado a la figura de Salah al Din Yusuf, porque en sí mismo y de ahí su leyenda, englobaría todos los arquetipos reseñados anteriormente. La fortaleza en la lucha contra el “ego”, la yihad del corazón, que imprimieron sus maestros sufíes desde su infancia fue determinante en la vida de Saladino. Si fue preparado o no para realizar un mandato para la comunidad es algo difícil de precisar. Ahora bien, su vida fue un esfuerzo “cuasi” sobrehumano en lucha consigo mismo y con el mundo circundante. La determinación y el impulso que sus maestros sufíes le imprimieron en su carácter nos parece determinante en las metas que alcanzó. El logro de reconquistar Jerusalén para el Islam sería el culmen, por tanto,  de todas las aspiraciones que cualquier tipo de yihad pudiese reunir. Hay que tener muy presente que allí se encontraba la Mezquita Al Aqsa que era la casa de Abraham, patriarca del credo monoteísta por antonomasia, y a quien se venera en el Qur’an. Fue allí donde se produjo la ascensión del Profeta y el punto de partida de su “Viaje Nocturno”, es decir, piedra angular de los lugares santos y punto de encuentro de peregrinos. Creemos por ello que Salah Al Din Yusuf vio materializadas sus aspiraciones místicas en el momento que integra de nuevo Jerusalén a la causa de Allah, el Islam.

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(19).  Scott, Ernest,  “El pueblo del secreto”, Editorial Sirio, Málaga, 1990. Pág. 149.

(20).  Paradela Alonso, Nieves, Belicismo y espiritualidad: una caracterización del Yihad Islámico”, Universidad Autónoma de Madrid, Págs., 3 y 4, Consultar  http://www.arabismo.com/biblioteca/articulos/yihad.pdf  (Última consulta: Noviembre 2010).
GLOSARIO DE TÉRMINOS Y NOMBRES PROPIOS.

Al Ghazali (Algazel).

Máxima figura del pensamiento religioso musulmán, natural de Tus en el Jurasán. Fue educado en Nisapur en pleno ambiente sufí. Su gran mérito consistió en llevar a cabo una síntesis coherente de la doctrina del islam en la que el teólogo es la cabeza, el filósofo la función racional, el sufismo el corazón y el derecho el brazo operativo. (Galindo Aguilar, Emilio, 2004:39)

Aql.

Razón, intelecto, juicio, sabiduría, lo que se capta. En árabe es de la misma familia de palabras que esa cuerda con la que los beduinos sostienen el pañuelo en la cabeza (‘iqâl), y proviene del verbo “atar  (algo para que no se escape”, con su significado más originario en “atar las patas de un camello”. (Glosario webislam, http://www.webislam.com/glosario.asp, última consulta: Noviembre 2010).

Asa’ari (As’arismo).

Doctrina que toma el nombre del teólogo y fundador de la escuela teológica ortodoxa Abu l-Hasan al-As’ari, la cual después de no pocos conflictos, habría de convertirse en la teología (kalam) casi oficial del islam sunní u ortodoxo. (Maíllo, 1996:42).

Futuwah (Futuwwa).

Principio moral que, en tiempos preislámicos, caracterizaba a la juventud, cuyas virtudes naturales debían ser, según la concepción dominante, bravura, generosidad como actitud personal, independencia de toda organización social o de toda concepción religiosa. (Maíllo, 1996:90).

Hanbalíes.

Adeptos a la escuela (madhad) teológica y jurídico-moral, surgida en las enseñanzas de Ahmad b. Hanbal que, apoyándose casi exclusivamente en el Corán y en la tradición, preconizaba la fidelidad rigurosa a la “religión de los antiguos”, no admitiendo otro consenso (iyma’) que el de los Compañeros del Profeta. (Maíllo, 1996:100).

Iyma.

Consenso, unanimidad de la comunidad musulmana, el consenso común resultante de una consulta a los compañeros del Profeta y, por extensión, a los herederos de sus conocimientos a través de los siglos; en la práctica, la doctrina y la opinión unánime de los doctores (consensus doctorum) reconocidos de una época dada. (Maíllo, 1996:122).

Jalal al Din Rumi (RUMI, YALAL AL DIN).

Prodigioso y prolífico poeta y místico persa entregado a la universalidad del Amor divino. Predicó la integración del ser humano en la Armonía cósmica, cuyo exponente musical fue el célebre sama’, danza que seguía el orden dextrógeno de la rotación celeste. Su obra más importante fue el Matnaví, vasto poema de más de veinticinco mil versos. (Galindo Aguilar, Emilio, 2004:415)

Maliki.

Adepto a la escuela mahdab que sigue las directrices de Malik b. Anas (m. 179/795), autor de la más antigua compilación de derecho del Islam sunní, que a más de utilizar el Corán, como todas las escuelas, se basa en la Sunna y el derecho consuetudinario de Medina. (Maíllo, 1996:148-9).

Mevlevies.

Sufies de la orden Mevleví fundada por Yalâl al-Din Rûmî como los derviches giróvagos, conocida por el ritual del samâ’ y la danza del giro. Música y danza ocupan la centralidad del trabajo mevleví. http://instituto-sufi.blogspot.com/2008/05/rum-y-la-msica-suf-mevlev.html (Última consulta: Noviembre 2010).

Mutazilies (Mu’tazila).

Nombre de una escuela teológica que creó la dogmática especulativa del islam, empleando el racionalismo metodológico de la filosofía griega. Los partidarios de este movimiento mantenían que la razón debía purificar el Corán de una visión excesivamente simplista y antropomórfica. (Maíllo, 1996:169).

Nour-ed-Din (Nur al-Din).

Al Malik al-Ádil ibn Zangi Nur al-Din Mahmud; 1118-1174. Hijo de Imad al-Din Zangi, prosiguió la reunificación de Siria y conbatió a los francos. Conquistó Edesa (1146 – 1150) y Damasco (1154). Envió tropas a Egipto a cargo de Sirkuh y de Salah al Din Yusuf (Saladino). http://www.biografiasyvidas.com/biografia/n/nur.htm (Última consulta: Noviembre 2010).

Safi’iya (Safi’ies).

Adeptos a la escuela jurídica (madhah) fundada por el quraysi Abu ‘Abd Allah as-Safi’i, quien en su Kitab al-Umm (Libro de los Principios) hace una exposición metódica de derecho, su intención es definir un método que pueda disminuir las divergencias entre los doctores; rechaza en un principio lo malikí y lo hanafí; sólo reconoce como fundamentos de la jurisprudencia el Corán, la Sunna (tradición del Profeta), el iyma (el consenso de los musulmanes) y no sólo el qiyas (la deducción analógica), siguiendo este orden. (Maíllo, 1996:208).

Sama’.

Escucha, audición. La samâ’ se ejercita con la audición de poesías místicas y melodías rítmicas. Es una llamada de Al-lah al ser humano a través de su apreciación de la belleza musical. Las prácticas entre las gentes del tasawwuf (sufismo) varían, desde la música con sus diversos instrumentos, hasta la práctica o no de danza. ”. (Glosario webislam, http://www.webislam.com/glosario.asp, última consulta: Noviembre 2010).

Selyucidas (silyuqíes).

Dinastía de soberanos de origen turco que durante los siglos XI al XIII reinaron en amplios territorios del Asia Central. Eran originariamente una familia de jefes de un clan de los turcos guzz que nomadizaban en las estepas del norte del Caspio y el Aral. (Maíllo, 1996:220).

Sufísmo (Sufies).

Espiritualidad practicada por los sufíes llamados así por el sayal de lana (suf) que portaban. Misticismo islámico (tasawwuf) que consiste en la interiorización y profundización espiritual del mensaje alcoránico. (Maíllo, 1996:223).

Tawba.

Consiste en abandonar las acciones censurables y realizar en su lugar las elogiables; o bien se puede entender como la sustitución de toda característica innoble por aquellas otras de carácter noble y elevado. La tawba de “los elegidos entre la élite” (es decir, aquellos que han alcanzado el mayor grado de realización interna) consiste en apartarse de todo aquello que les distraigan o les aparten de la contemplación del Secreto de Allah.  (Glosario webislam, http://www.webislam.com/glosario.asp, última consulta: Noviembre 2010).

Umma.

Comunidad, Comunidad de los musulmanes. La palabra umma connota, a través de la noción de “madre” (umm), el concepto de una “comunidad-matriz” (portadora de todos los valores religiosos que anticipan de alguna manera el reino de Dios sobre la tierra). (Maíllo, 1996:250).

Yihad.

En sentido propio “esfuerzo”, pero el esfuerzo en la vía de Dios. Este término, que se suele traducir por “guerra santa”, por más que su núcleo semántico no contenga la noción de guerra, viene de una raíz que expresa la idea general de “esfuerzo”: esfuerzo físico y esfuerzo moral que el hombre desarrolla para realizar sus obras. (Maíllo, 1996:263).

Zawiya.

 Edificio de carácter religioso que solía comprender una sala de oración con mihrab, una tumba venerada cubierta por una cúpula (qubba), un lugar destinado exclusivamente para la recitación coránica (maktab), habitaciones para huéspedes (peregrinos, viajeros, estudiantes) (Maíllo, 1996:270).

Zikr (Dikr).

Rememoración, repetición obsesionante de jaculatorias, técnica espiritual (propia de los sufíes) basada en la repetición incansable de algunos de los nombres divinos, acompañada o no de ritmos respiratorios, de balanceo corporal o de determinadas posturas o actos, buscando con la repetición incesante llegar al éxtasis. (Maíllo, 1996:63)

BIBLIOGRAFÍA Y ENLACES DE INTERÉS.


Chauvel, Geneviéve, “Saladino. El unificador del Islam”, Madrid: El País, 2005.

“El Corán”, Edición de Julio Cortés, Editora Nacional, Madrid, 1979.

Galindo Aguilar, Emilio, “Enciclopedia del Islam”, Darek – Nyumba, Madrid, 2004.

“Glosario webislam”, http://www.webislam.com/glosario.asp, última consulta: Noviembre 2010).

Maíllo Salgado, Felipe, “Vocabulario de Historia Árabe e Islámica”, Ediciones Akal, S.A., Madrid, 1996.

Paradela Alonso, Nieves, Belicismo y espiritualidad: una caracterización del Yihad Islámico”, Universidad Autónoma de Madrid, UAM,   Consultar:

http://www.arabismo.com/biblioteca/articulos/yihad.pdf (Última consulta: Noviembre 2010).

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