jueves, 8 de marzo de 2012

Mahoma, Juan Vernet. Análisis y comentario.








“MAHOMA”, Juan Vernet.
Análisis y comentario.


Desde una perspectiva sincrética, no exenta de una más que medida imparcialidad, Juan Vernet se adentra en los acontecimientos que le sucedieron a Muhammad para narrarnos la biografía detallada y minuciosa de los avatares y tribulaciones que marcaron el ritmo vital del Profeta. Transitar por esta biografía es sumergirse también en el Libro Sagrado, ya que éste surca tangencialmente las páginas de este relato histórico. Es por ello que esta biografía elaborada por Vernet es una narración a la que podrían aplicarse las palabras con las que Fátima Mernisi  define el Corán: “…un texto en donde la política y lo sagrado se unen, se funden y se confunden hasta el extremo de no distinguirse” (Mernisi F, 2002:21)

Además, Vernet es capaz de entretejer una narración biográfica trazada sobre una estructura diferenciadora de las etapas vivenciales del Profeta, relatándonos sucesos anecdóticos, aportándonos detalles de la vida privada de Muhammad, su relación con las mujeres, con sus enemigos, sus colaboradores y especificándonos minuciosamente sus estratagemas  en las incursiones y expediciones guerreras que condujeron a la consolidación del Islam. De esta manera, podemos vislumbrar lo esencial de un personaje poliédrico en continua adaptación a los diversos procesos históricos que va viviendo.

Los sucesos históricos se plasman ininterrumpidamente de forma precisa y manifiesta, articulando con ello una narración que va colmatando los alardes primordiales de la vida de un  hombre que, a nivel personal y global, dieron como fruto el surgimiento de una nueva religión,  una nueva civilización y  una cultura singular: el Islam.

Basándose en fuentes originales árabes de indiscutible prestigio y autoridad como son, citando al autor:”… Sira o Vida de Muhammad, de Ibn Hisam (m.218/833), quizás una refundición de la Sira de Ibn Ishaq (m. 151/768), la biografía del Profeta incluida en los Anales de al-Tabari (m. 310/922), las Magazi o Historia de las campañas de Muhammad, redactada por al-Waqidi (m. 207/822) y las Tabaqat de Ibn Sad (m. 230/845), secretario de Waqidi…” (Vernet: 16), Vernet desgrana hechos claves de la vida del Profeta que por su importancia y trascendencia marcan el itinerario cronológico de la propia existencia de Muhammad.

Vernet se apoya en la forma tradicional árabe de reconstrucción de la Historia,  basada en la transmisión  oral de los hechos y dichos que iban transmitiéndose de generación en generación, de unos a otros. Así se tejió el primer texto coránico cuando se les encargó a los “memoriones”  que encontrasen al mayor número posible de compañeros del Profeta para salvaguardar los máximos detalles verídicos de su vida y especialmente, de la Revelación. Esta técnica argumentativa será transportable a otras disciplinas, y en el caso islámico que nos ocupa, se conocerá como “la ciencia de la tradición o azuna (sunna, camino transitado) que conserva los dichos y hechos de Muhammad” (Vernet: 14)

Todos estos relatos vitales se ven refrendados por los versículos, azoras, y pasajes coránicos insertados en esta biografía cuyo valor añadido es el de sustentar los hechos históricos con las acciones y exhortaciones que la propia  Revelación atesora. Al mismo tiempo, los diferentes temas del texto coránico son tratados por el autor de forma escrupulosa y con un  especial respeto hacia la ideología del Islam.
Tomemos como ejemplo la polémica en torno a la fecha histórica de la iqra (lee, predica) que supone la azora 96, la primera revelada y las posibles contradicciones que podemos encontrar en el propio texto coránico; Vernet nos alecciona:

 “la fecha de esta revelación, al igual de si realmente fue la azora 96 la primera revelada, ha sido y es objeto de discusión, en el pasado y en el presente, por los exegetas de El Corán, tanto musulmanes como cristianos. Por otra parte, algunos versículos plantean problemas. En 2,181/185 se dice:

“En el mes de ramadán se hizo descender El Corán como guía para los hombres y pruebas de la Guía y de la Distinción…”

En la azora 97

“(1/1)… Nos lo hemos hecho descender en la noche del Destino. (2/2) ¿Qué te hará entender qué es la noche del Destino? (3/3) La noche del Destino es mejor que mil meses. (4/4) Los ángeles y el Espíritu descienden en ella, con permiso de su Señor, para todo asunto. (5/5) ¡Paz! Ella dura hasta que sube la aurora.” (Vernet: 38)

Vida y sucesos, Revelaciones y proclamas bélicas, preceptos religiosos y disposiciones legislativas se solidifican en una narración histórica manejada con maestría  de forma amena y clarificadora. Es así como vamos recorriendo con Vernet la vida de un ser humano excepcional que cambió y sigue cambiando el mundo. Un hombre que fue Profeta, además de estratega político, caudillo militar, hombre de comercio y buen negociante, instigador social, jurisprudente y muy especialmente dirigente religioso. La palabra estrategia se ha definido como el arte de dirigir las operaciones militares. Es el arte de hacer que la fuerza concurra para alcanzar las metas de la política. Es el arte de la dialéctica de las fuerzas, o aún más exactamente, el arte de la dialéctica de las voluntades que emplean la fuerza para resolver su conflicto y toda la experiencia vital de Muhammad encontró acicate en los infinitos conflictos que se le presentaban.

Podemos entresacar del rosario de hechos acaecidos al Profeta la evolución que éste va experimentando por las distintas etapas que la Revelación nos va marcando. La justificación del Profeta es religiosa en un primer momento, para politizarse y militarizarse según lo necesita la comunidad, con lo que la propia Revelación va a servir para legitimar las distintas actuaciones de Muhammad. Un Profeta que muestra una capacidad asombrosa de adaptación y respuesta ante los conflictos que se le van presentando. La Revelación coránica va a servir a los propósitos del autor de esta biografía durante todo el texto, de igual manera que lo hizo para  la propia comunidad musulmana. Muhammad va a justificar la evolución de los aspectos de la comunidad por medio de la Revelación, dejando de lado el sentido religioso de la primera etapa, para justificar los aspectos más prácticos descritos detalladamente por Vernet.

La narración biográfica sigue el orden cronológico de la vida de Muhammad para diseccionar las causas y consecuencias de todos los acontecimientos de su vida que conspiraron para convertir a un hombre que surgió de la “nada” en el creador de una nueva civilización. Entendemos en este caso  la “nada” de Muhammad como el niño huérfano, pobre y prácticamente sin amparo, al que perseguía la muerte y el abandono, en el medio hostil en que se plasmaba la vida trashumante y tribal de la Arabia preislamica. Un ser humano como dice Sobh enfrentado “desde la infancia al dilema del vivir-morir; al conflicto de la riqueza- pobreza; al problema de la solidaridad-soledad; y la búsqueda de la mujer-madre…” (Sobh M, 2002: 141).
  
La nueva civilización que encumbra la misión profética y social de Muhammad se debe a la profunda transformación que la sociedad tribal experimenta con las acciones y admoniciones de aquél, y que quedan recogidas en la Revelación coránica. Su palabra se convierte así en la palabra de Dios, pues todos los dictados que acometió alcanzaron el status de designios divinos al ser resueltos y verificados en las victorias guerreras, el cambio de las costumbres sociales y la glorificación del honor frente a los vencidos, por citar algunos de los múltiples factores que el profesor Vernet esgrime  en las páginas de su obra.

El autor aplica un delicado bisturí cuando relaciona hechos y versículos coránicos, todos ellos son inseparables y forman un “corpus” argumental y estructural  en esta biografía elaborada por quien es un avezado conocedor del Libro Sagrado. No sólo refrenda de esta manera los hechos acaecidos y expuestos en esta obra, sino que nos muestra la Revelación como un acontecimiento indisoluble de la propia vida del Profeta.

 “Una noche, durmiendo cerca de Jadicha, oyó una voz que gritaba:

      - ¡Oh, Muhammad! Tú eres el Profeta de Dios.

 El profeta se puso de rodillas y llamó a su mujer, gritando:

-         ¡Cúbreme! ¡Cúbreme! – hasta que se hubo tranquilizado.

De nuevo se repitió la voz, y se asustó de tal modo que estuvo a punto de despeñarse por las rocas del monte Hira.” (Vernet: 37).

Lo que sentía, lo que le sucedía, lo que experimentaba vivencialmente, todo lo que se producía en su entorno, las guerras internas, las afrentas públicas, las traiciones, su relación con las mujeres,  asunto nada baladí, ya que Muhammad tuvo muchas mujeres en su harén porque cada una de ellas representaba el interés de tribus especificas. Con ello el autor entresaca los efectos que tanto las palabras de Muhammad como sus actos iban afectando al sentir y las creencias de los beduinos idolatras, paganos e hipócritas, los cuales se verán expuestos a un giro copernicano en sus formas de vida y costumbres.

Vernet de una forma pulcra, clara y llana, sin artificios de estilo, ni proclamas intelectuales, sin sofisticados planteamientos filosóficos o religiosos que pudieran tergiversar el quehacer hagiográfico de la vida de Muhammad, hilvana con mano de orfebre la experiencia vital de aquél hasta en sus más íntimos detalles.

Podemos leer de esta manera,  en el capítulo dedicado al segundo periodo mequí (615-619) y en medio de las turbulencias  existentes entre los primeros musulmanes y los coraixíes, lo siguiente:

“[…] Abu Talib llamó a su sobrino, le explicó las amenazas de los coraixíes y le pidió que no le impusiese un peso mayor del que él, ya viejo, podía soportar. Muhammad, creyendo que iba a abandonarle, le dijo:

-         Si me dieran el Sol, en la derecha y la Luna en la izquierda pidiéndome que abandonara mi misión, mientras Dios me la revele, aunque yo haya de morir, no la abandonaré.

Y se marchó llorando, pero su tío le volvió a llamar y le dijo:

     - ¡Ve y predica lo que quieras, por Dios! ¡En ningún caso te abandonaré! (Vernet: 43)

La accesibilidad en el lenguaje y  la presentación de los hechos de una forma comprensible es un rasgo característico en la obra de Vernet. Este buen hacer se convierte en un acierto más de este libro, pues el mismo se muestra asequible para cualquier profano en la materia que quiera acceder al conocimiento de la vida de Muhammad. De esta forma el autor se inserta en la Tradición Coránica,  que alardea de estar dirigida a todo el mundo, letrados e iletrados,  poderosos o débiles. El Corán como un texto fijado a la medida de cualquier ser humano de toda condición. Un libro vivo que zarandea al que lo lee por medio de imprecaciones, admoniciones y exhortaciones. Ininteligible para los que buscan sentido, orden y concierto. El Corán es una apuesta por la unidad, múltiple y uno a la vez, frente a un mundo que dispersa y divide. Y este sentido unitario lo alcanza Vernet en esta biografía de Muhammad mediante una técnica depurada que engarza lo anecdótico con lo sublime, lo cotidiano perecedero con lo trascendente coránico y lo político con la religión, el hombre y la sociedad.

Vernet, como prestigioso estudioso del Islam y del Corán, pues no en balde tiene en su haber una magnifica traducción del mismo, despliega en esta obra una gran capacidad comunicativa, en particular a través de un lenguaje accesible, como dijimos anteriormente. La presentación de los hechos, la exposición de las consecuencias de los mismos, los quebraderos de cabeza de unos y otros, incluso de las mujeres del Profeta y los que éstas le están infringiendo, el relato minucioso de los acontecimientos, no hace sino corroborar el exhaustivo trabajo de exploración que tanto de la Tradición Coránica como de la Arabia preislamica ha desarrollado Vernet. De esta forma, esta biografía contiene un dialogo palpable entre sucesos históricos y Revelaciones coránicas. Unos y otras se entremezclan en un crisol de caleidoscópicas facetas.

Citamos a Vernet:

“Alrededor del año 618 acostumbra fecharse el célebre versículo de la isra o viaje nocturno del Profeta a Jerusalén y al cielo (17, 1/1):

“¡Loado sea quien hizo viajar a su siervo por la noche, desde la Mezquita Sagrada hasta la Mezquita más remota, aquélla a la que hemos bendecido su alrededor, para hacerle ver parte de nuestras aleyas! Cierto, Él es el Oyente, el Clarividente.”

que, exegéticamente, como otros revelados más adelante, le debió servir de consuelo, en medio de tantas calamidades.

[…] En cambio, en el momento de la revelación, los coraixíes negaron en bloque que Muhammad hubiera podido realizar en una sola noche el viaje La Meca, Jerusalén, La Meca, cuando las caravanas tardaban dos meses, y muchos musulmanes dudaron de su Profeta, hasta que Abu Bakr certificó que la descripción dada por Muhammad se correspondía con la realidad. Desde aquel momento, Abu Bakr recibió el apodo de al Siddiq o “el Verídico”. (Vernet: 56).

El autor no justifica los hechos, los relata de una forma “cuasi” científica, radioscópica podríamos decir, eludiendo especulaciones o interpretaciones de cualquier índole, sean filosóficas, políticas  o religiosas. Tan sólo aclara términos y denominaciones esenciales para una mejor comprensión de la etimología árabe e islámica. Esto redunda en un aporte filológico que enriquece la narración y la nutre de un mayor sentido para comprender las acciones del Profeta, sus aliados y sus enemigos:

 “[…] dada la palabra empleada, anzalna-ha (la hemos hecho descender)” la revelación de El Corán se realizó a Mahoma de una sola vez en la noche del Destino (laylat al-qard, la noche del 26 al 27 de ramadán), (Vernet: 38).

Con ello Vernet retrata un mundo desasido de toda raigambre que está experimentando una convulsión continua; incluso los vínculos de sangre como medio de organización tribal llegan a ser  difuminados por el Profeta. Leemos al respecto en el libro de Vernet lo siguiente:

 “Muhammad había roto los lazos de sangre típicos entre clanes y tribus por otro vínculo: el religioso. […] el vínculo (asabiyya) religioso rompía con toda la estructura social de la Arabia beduina…” (Vernet: 64).

La narración de los hechos se convierte de esta forma en una radiografía de la sociedad del momento, una exegesis del Libro Sagrado, un muestreo de antropología social y cultural, un estudio de estrategia militar, un análisis de economía de guerra y de guerrillas y un exponente de interpretación legislativa. Con estos argumentos el autor va redibujando de forma plástica y fehaciente al Profeta, al hombre de estado, al jurisprudente y legislador, al caudillo y jefe de los ejércitos, al estratega político y militar y al líder religioso por antonomasia.

Vernet plasma un retrato pictórico de una época, de una vida y de unos hechos que pueden ser analizados desde muy diversos y distintos aspectos. En sí misma esta obra es una aportación significativa para el analista de las estrategias de guerra y de guerrillas. Podemos encontrar a lo largo del libro numerosos relatos de escaramuzas, expediciones y asaltos a caravanas, aunque aquí nos centraremos en el relato de  los preparativos y la contienda en sí de la célebre batalla de Badr:

“[…] El Profeta se puso en movimiento, ocupó los pozos, hizo llenar otros con agua, colocó a sus compañeros delante de ellos […]”

 […] los movimientos previos de los dos ejércitos, mejor dicho, del coraixí, porque el musulmán se instaló previamente en una serie de puntos fuertes con órdenes estrictas de rechazar el ataque coraixí con flechas […] la carga de la caballería coraixí contra las fuerzas musulmanas fue frenada por una nube de flechas que desconcertó a sus jefes […] La batalla fue una carnicería en la que los sacrificados fueron los coraixíes. La táctica de Muhammad de cerrarles el acceso al agua les obligó a combatir, morir y huir sedientos. Además éste había dispuesto sus filas mirando hacia Occidente, y los coraixíes tenían que atacarle avanzando hacia Oriente, con el sol de cara que les deslumbraba.” (Vernet: 88).

También  las ciencias políticas tienen cabida en esta biografía de Mahoma. El político que necesite un plan de acción ambicioso para alcanzar sus objetivos puede encontrar en las páginas de esta biografía argumentos de peso para aplicarlos en sus estrategias. Muhammad llegó a concentrar todo el poder político en sus manos a base de acuerdos de paz, pactos, alianzas, imposición por victorias o, incluso, por persuasión de parentesco:

“Estos éxitos hicieron que las tribus fueran enviando embajadores, cada vez más frecuentes a Medina, solicitando que se aceptara su conversión al Islam, […] En el mismo mes llegó Diman b. Talaba como representante de los Banu Sad b. Bakr. Su emisario era bastante burdo […] Muhammad tenía mucho interés en aliarse con este grupo, dada la posición estratégica de sus tierras situadas al este de la Meca y no lejanas de la ciudad que cada día se veía ceñida por un dogal más estrecho.” (Vernet: 114).

El investigador de las religiones comparadas puede entresacar de estas páginas las afinidades y divergencias que entre cristianos, hebreos y los nuevos musulmanes iban descollando con la aparición del Islam. El islamologo puede obtener en este libro datos fidedignos de cómo surgió y en que se fundamentaba el islam en sus inicios. Por su trascendencia, citamos las obligaciones que el islam impone a sus fieles de forma completa tal y como aparecen en el libro de  Vernet:

“Dentro de las cinco obligaciones que el Islam impone a sus fieles, parece que el Profeta las jerarquizó en este orden:

1)      Creer en la Unidad de Dios.
2)      Cumplir las oraciones prescritas que, en la época que ahora tratamos – no mucho después – estaban reglamentadas y El Corán recomienda de una a cuatro (nunca las cinco actualmente canónicas que sólo aparecen bastante después), pero el Profeta se preocupó de que la oración de mediodía del viernes fuera obligatoria para todos, al igual que la jutba (sermón) incluida en la misma (62,9/9):

“¡Oh, los que creéis! Cuando se llama a la oración del viernes ¡apresuraos a recibir la Instrucción de Dios y abandonad el negocio¿ Eso os es mejor si sabéis.”

      y que procuró pronunciarla él la mayor parte de las veces, mandando que, antes   de rezar, se procediera a las abluciones (5,8/6-9/6).

      Igualmente, cuando no podía dirigir él mismo la plegaria, delegaba en un imam  (imán) y un jatib (predicador) que le sustituían esporádicamente.
     
3)      Pagar un impuesto destinado a ayudar a los musulmanes pobres (azaque) (2,40/43; 104/110 y 73,20/20)
4)      Observar el ayuno de ramadán (2,179/183-181/185)
5)      Cumplir, si se tenían medios económicos suficientes, la peregrinación a La Meca (3,91/97-92/97 y 22,28/27) […]”

Es interesante destacar las aportaciones que para el antropólogo social y cultural puede suponer la exploración de una minuciosa inmersión en una sociedad tribal fragmentada y grupuscular a través de los datos significados en esta biografía de Muhammad. El analista económico encontrará en esta obra elementos para su aplicación en tratados de comercio y estrategias comerciales extrapolables a economías básicas y primarias. Ateniéndonos a este aspecto comercial, extraemos algunos puntos relevantes del tratado establecido entre Muhammad y los taqif, (habitantes del valle de Taif), que fue escrito en vida del Profeta:

“[…] 4. Su valle, todo su valle, es sagrado; las prohibiciones que ello comporta son en nombre de Dios, tanto sobre sus árboles silvestres como sobre la caza; protege de toda opresión, intrusión o fechoría.

6. No se deberá ni movilizarlos ni imponerles el azaque, ni vejarlos en sus bienes o en sus personas.

9. Toda deuda a su favor que esté asegurada por una prenda y cuyo plazo haya concluido hace culpable al deudor de usura, prohibida por Dios; en cuanto a los créditos que ellos tienen [con plazo superior al de la feria de Ukaz] en virtud de una prenda, se les devolverá el capital en Ukaz.

10. Cualquier deuda publica a favor de la taqif que esté inscrita en sus registros el día en que acepten el Islam, se les seguirá debiendo.

11. Cualquier depósito en especias o personas [esclavos] que pertenezca a los taqif, que esté en custodia o que su depositario se haya apropiado como botín o lo haya perdido, les será reembolsado.

16. El mercado de venta se instalará en los patios de la casas.

18. De todas las viñas que pertenezcan a los coraixíes, pero que rieguen los taqif, la mitad de la cosecha será para quien la haya regado.

19. Ninguna deuda garantizada por una prenda en cuanto al crédito, dará intereses. Si los deudores encuentran el medio de pagar el capital inmediatamente, lo harán; si no tienen medio de pago, se les dará de plazo hasta el mes de chumada I del año siguiente. Aquellos que llegado el momento de pagar su deuda no lo hacen, son usureros.

20. De cualquier crédito que tengan en público, sólo se les deberá el capital.

22. Cualquiera que haya comprado un objeto tendrá derecho al mismo.” (Vernet: 167/8/9)

No menos enjundia poseen los análisis psicológicos que pueden ser obtenidos por especialistas en la materia sobre los comportamientos tanto de Muhammad como de sus compañeros, aliados, enemigos y familia propia. En esta biografía se despliegan de forma pormenorizada diversos aspectos de las  relaciones humanas, de género, de parentesco o filiación que aportan numerosa información sobre el funcionamiento interno de los grupos tribales, los clanes, las capas sociales y los papeles establecidos dentro de las mismas. El etnólogo encontrará en el libro de Vernet  documentación fehaciente para analizar las causas y razones de las costumbres y tradiciones de los pueblos.

El estudioso en jurisprudencia y legislación tiene en sus manos dictados que conforman una forma de gobierno y de organización social y política, pudiendo analizar pactos de estado y de gobierno, decretos y leyes de funcionamiento de una sociedad en permanente cambio y estructuración. Destacaremos algunos de los puntos del escrito arcaico que Ibn Ishaq conserva como acuerdo del Juramento de la Guerra y que Vernet subraya en su libro, no como prosa jurídica árabe del momento, ya que ésta se formó posteriormente, y consecuentemente  modificó el escrito:

“[…] un lenguaje jurídico-político que establecía los esquemas y las formulas a emplear en cada caso”:

“Muhammad escribió un escrito que ligaba entre sí a los emigrados y a los defensores. En dicho escrito se incluyó una subrogación (wadaa) que incluía a los hebreos (de Medina) mediante un contrato específico (ahada-hum) que les confirmó en el libre ejercicio de su religión, en la posesión de sus bienes, les impuso algunas condiciones y les concedió algunos derechos” (Vernet: 72/73).

[Art. 3]    “Los emigrados de coraix deben ser solidarios dividiendo entre ellos el precio de la sangre y rescatar a sus propios prisioneros; la colaboración de los otros creyentes es cuestión de conveniencia y justicia.”

[Art. 13]   Ningún creyente debe negociar pactos con el cliente de otro creyente contra la voluntad de este último

[Art.15]    Ningún creyente debe matar jamás a otro creyente por culpa de un no creyente ni ayudar a un descreyente contra un creyente.

[Art. 25]    Los hebreos, durante todo el tiempo que luchen al lado de los creyentes, contribuirán a partes iguales en los gastos. (Vernet: 73/4/5/6/7).

Como expusimos anteriormente, esta narración biográfica interesa mucho al filólogo y estudioso de las lenguas semíticas, léase, arabista, ya que se especifican conceptos y términos de la Arabia preislamica. Asimismo, el historiador de culturas y civilizaciones puede desarrollar una investigación exhaustiva de un periodo histórico muy concreto y crucial para la Historia de la Humanidad. Y, por último, el exegeta del Corán encontrará  un caudal inagotable en las aleyas vertidas y las suras reflejadas una vez que han sido cohesionadas y vinculadas con los sucesos históricos acaecidos.

El 4 de du-l-hichcha (2 de marzo del 632) llegó a La Meca la peregrinación en la que se produjo el Sermón del Adiós o Sermón de ¿Os he transmitido? que pronuncio el Profeta ante más de cien mil peregrinos desde lo alto de la colina de al-Rahma (misericordia). Vernet nos presenta este hecho como colofón a la narración biográfica de Muhammad a través del testimonio de Ibn Ishaq, quien pone en boca del Profeta lo siguiente:

“[…] Aquél a quien Dios guía, nunca se extravía; aquel a quien Él extravía, nadie le guía. Doy fe de que no hay dios, sino sólo Dios, el mismo que no tiene ningún asociado […].

“Os prescribo, ¡oh servidores de Dios!, que tengáis temor de Dios y os exhorto a que le obedezcáis. […].

“¡Gentes! Vuestra sangre, vuestros bienes, vuestro honor, son inviolables, hasta que encontréis a vuestro Señor. También son inviolables, este día, este mes y esta región sagrada […]”

“La sangre (venganzas) del tiempo de la incredulidad queda suprimida […]”

“¡Gentes! Vuestro Señor es uno y vuestro antepasado es uno: todos descendéis de Adán, y Adán fue creado de barro. El más digno de vosotros antes Dios es aquel que más le teme. Ningún árabe tiene superioridad sobre un no árabe, excepción hecha de la piedad. […]”
El libro de Vernet no puede condensar más con menos palabras, una labor de síntesis encomiable y clarificadora dentro de los estudios y biografías sobre  Muhammad, en la que despunta lo esencial político sin menoscabo de lo primordial religioso. Como dijimos anteriormente, el mismo se vertebra sobre una estructura que permite identificar sin interferencias cada  etapa de la vida del Profeta, así como los sucesos más relevantes de cada una de ellas y las consecuencias que los mismos desencadenaron. Nos muestra de esta manera que cualquier hecho en la vida de Muhammad es consecuencia del anterior, y que todos ellos se insertan en la tradición coránica desde el momento en que son inseparables vida, acción y proclama de la Revelación.
Vernet hace uso de la historiología al incidir sobre la propia descripción de los hechos históricos y el  análisis científico general necesario para entenderlos. No pretende con ello explicarnos por qué sucedieron determinados acontecimientos históricos de carácter episódico o anecdótico, y mucho menos elaborar predicciones sobre los acontecimientos futuros, sino que se centra en ir identificándolos para que el lector saque sus propias conclusiones. Por todo lo expuesto en esta narración biográfica, podemos afirmar que el nacimiento y posterior expansión del Islam fue consecuencia de una profunda crisis de valores en la sociedad de su época. La figura de Muhammad Profeta se engrandece con ello desde el momento que trae un nuevo orden teocrático de carácter igualitario: la soberanía pertenece exclusivamente a Dios. De este modo, el Islam dio lugar a una nueva forma de organización política y social construida esencialmente sobre el hecho religioso. A lo largo de las páginas de la obra de Vernet podemos identificar el torrente de un amplio y potente movimiento de ideas nuevas que trajo consigo un modo de fraternidad más amplia que la tribal y basada en la justicia social universal, uno de los principios básicos de la nueva religión.
Y en el Sermón del Adiós se nos dice, también recogido por Vernet según atestigua Ibn Ishaq:
“Y el Profeta añadió:
“Todos los que estáis aquí presentes transmitidlo a los ausentes. ¡Gentes! Dios ha fijado una porción de la herencia para cada heredero; no está permitido hacer un testamento que no se atenga a sus reglas. El testamento a favor de un extranjero no puede ser superior al tercio de la totalidad de la herencia. El hijo pertenece al lecho y el hombre que ha cometido adulterio será lapidado. Cualquiera que reivindique la filiación de quien no sea su padre o que reclame el patronazgo de quienes no son sus patrones, ¡caiga sobre él la maldición de Dios, de los ángeles y de todos los hombres! El Día del Juicio no se les aceptará ningún pago ni rescate.
“¡Que la paz sea con vosotros!”
Según Hamidullah, ese mismo día, viernes, 9 de du-l-hichcha(‘!), descendió el último versículo de El Corán (5,5/3)
“Hoy os he completado vuestra religión y he terminado de daros mi bien. Yo os he escogido el Islam por religión.” (Vernet: 180)

BIBLIOGRAFIA.

Mahoma, Juan Vernet, Espasa Calpe, S.A., Madrid, 2006.

“Historia de la Literatura árabe clásica”, Mahmud Sobh, Ediciones Cátedra, Madrid, 2002.

“El Harén político”, El Profeta y las mujeres, Fátima Mernisi, Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, Madrid,  2002



















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